Presentación

Dejamos atrás la raya; la pregunta es, ¿cuál? Miramos alrededor: esto es la intemperie.

Es decir, una exaltación, una taquicardia muy feliz. 360° y a días de cualquier techo.

Pronto entendimos ──como un zumbido, como un ala transparente, de insectos, o su vuelo── que también veníamos de aquí.

La intemperie del pensamiento.

 

Imaginamos llamarlo así: intemperie.

La intemperie nos educó, quisimos pensar ──quizá para reír──. Nuestra única estrella.

A lo sumo, una choza, una tienda.

Pequeñas hogueras, aquí y allá, en la arena.

 

¿Por qué un “centro”, si aquí no hay centro? Estudios, sí, pero ¿de qué, exactamente? ¿Avanzados?

No quedaba, entonces, nada; sólo las manos.

Y los pies.

 

Construir, sí, ¿por qué no?

Pero sólo de un modo provisional, transitorio, azaroso ──como se arrojan los “palillos chinos”──: equilibrios sutiles, irregulares, hermosos; retos del instante, enigmas, juegos.

Todos se recogen, de nuevo, con un golpe de mano, y se vuelven a arrojar.

 

Algo insistía, adentro de nosotros, sin saber por qué: “lo que sigue son líquenes”.

Una suerte de tundra.

Una tundra del pensamiento.

(¿Qué es eso? ¿Por qué?)

 

Intemperie. Todo parece vivo, y nos quedamos escuchando.

 

“Avanzados”, quizá, sólo en el sentido de exploración ──sobre todo irregular ──. De desprendimiento.

De destacamento.

 

Esta intemperie también es inminencia.

Presentimiento de algo ──o de un todo── impensado, inmediato.

De un pensamiento que es una interrupción. No sabemos cuál, pero que nos deja, ya, en silencio.

Asombro. Y esa sombra movediza parece ser la única choza.

 

Sospechamos que el primer paso ──y los que le sigan, quizá──  tendría que ser descalzo.

 

Por ejemplo: el ser ──que, tal vez, sólo se conjugue en plurales y gerundios y que en sí mismo es abismo(s)──  suspendido en el sin──fondo.

En el sin──sentido, sin──sentido, él mismo.

¿Qué queda?

Una suspensión desnuda ──sin velos, alétheia──, sin recubrimiento. ¿Es posible?

¿Es una primera imagen? ¿Un primer silencio? ¿Un primer paso?

 

Un claro en el bosque ──lichtung──. Y de licht, luz, lugar.

Sólo así, un lugar para habitar: entre las frondas, entre las manchas de luz y de sombra, móviles.

Claridad transitoria en la espesura del bosque, sujeta al viento, a las nubes, al paso del sol ──y de otros──.

(Piares, croares y graznidos).

 

También dijimos parpadeo.

Acampar, encender las hogueras en el intersticio, mínimo, entre lo que se ve y lo que se ve ──de── nuevo.

“Nuevo”, otro y lo mismo.

¿Qué cambió?

Todo.

Entre el que ve y el otro──sí mismo que ve.

Parpadeo; el acto, el intervalo en el que todo cambia, sin programa.

La grieta en la secuencia de pensamiento.

 

El árbol que mece sus frondas en la luz de la tarde.

 

La abeja que entra en la sala de conferencias.

 

Cuando la cosa sonríe al que la piensa.

 

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