El porvenir del psicoanálisis

A cargo Juan Carlos Mosca (Buenos Aires, Argentina)

El porvenir del psicoanálisis está ligado al de la subjetividad que lo vio nacer. Probablemente estemos verificando cambios importantes en esa subjetividad. Cambios en lo que consideramos síntoma, en el sentido psicoanalítico del término, que pretende ser abolido. Cambios en el malestar y sus formas. Cambios en la ausencia de “proporción sexual”, en la relación sexual que no la hay salvo que sea incestuosa, y en aquellas consecuencias psicológicas de las diferencias sexuales anatómicas. Respecto del porvenir, sabemos por Freud que el porvenir es de la ilusión.

Sigmund Freud pensaba que la formación de una organización internacional era esencial para la salvaguarda de su enseñanza, así se lleva a cabo en 1908 una reunión en Salzburgo y luego en el primer congreso realizado en 1910 en Núremberg se funda la Asociación Psicoanalítica Internacional. Pasado un siglo y fruto de las expansión que comenzó con esa reunión, la influencia, o al menos la mención del psicoanálisis, sea con acierto o desacierto, la encontramos en el cine, la literatura, el ensayo, el comentario social y hasta el político. El uso de términos psicoanalíticos aparece en textos de muy diverso tenor.

Al mismo tiempo que comprobamos esta expansión del psicoanálisis, correlativamente vemos que los valores culturales y lo que podríamos llamar “el espíritu de la época”, por ejemplo los referentes de la figura de autoridad paterna y por otro la cultura de los derechos, entre ellos la consideración del derecho al acceso a la salud, es también muy diferente al de la época en que surgió el psicoanálisis. En el ínterin cayó el modelo de la sociedad victoriana, sucedieron dos guerras mundiales, la atroz experiencia del nazismo con sus campos de exterminio y el progresivo avance del proceso de independencias coloniales y de reivindicación de los derechos humanos.

Hasta no hace mucho tiempo, las revistas femeninas traían recetas de cocina y moldes de costura, hoy día las revistas para el público femenino traen consejos para alcanzar la experiencia multi-orgásmica, los domicilios de los sex-shops y las últimas modas para cambiar el cuerpo con la ayuda del bisturí.

Por otra parte, la consecuencia psicológica de la “diferencia sexual anatómica” parecería estar en franca retirada, y lo hace en beneficio de la “igualdad”. Cuestión que alcanza también a la consideración de qué quiere decir “paternidad” o qué quiere decir “maternidad”.

Y por si eso fuera poco, además, tenemos los criterios de esas clasificaciones; ahora timidez, tristeza y rebeldía entrarían en la lista de los nuevos “trastornos mentales” de la próxima edición del manual de psiquiatría DSM, que sigue la mayoría de los expertos del mundo, medicalizando los sentimientos, etiquetando a los tímidos, tristes o rebeldes en una categoría de enfermo mental aplicable luego por psiquiatras, sistemas de salud pública y privada, peritos judiciales y autoridades sanitarias que pueden tomar decisiones sobre sus vidas.

Tras describir este escenario debemos reconocer que pese a todo millares de psicoanalistas desarrollan su práctica. Muchos lo hacen en instituciones que no fueron pensadas para el psicoanálisis, como la práctica de la clínica psicoanalítica en el Hospital Público y en las organizaciones de salud, su enseñanza en la Universidad, su interés múltiple para pensadores de campo no analítico, en la filosofía, la historia, las leyes y las artes.

Y también vemos que se ha expandido esa práctica aplicándola a una población mucho más amplia, población que no fue la inicialmente pensada por Freud, el neurótico adulto, extendiéndola (con las variables necesarias) primero a la niñez, más tarde a las psicosis, luego a los así llamados trastornos por impulsiones y la ahora nominada clínica del borde.

Entonces, por un lado tenemos una situación que parece dificultar el desarrollo del psicoanálisis, pero por otra parte también vemos su extensión a modalidades, instituciones y una población de enfermos, mucho más amplia que la pensada originalmente por su fundador.

Para nuestro optimismo en el porvenir, aún, la emergencia de lo real del inconsciente, de su formaciones y del síntoma, perturba la rueda de la maquina social y mientras el discurso histérico horade la consistencia del amo y mientras la oferta de una escucha psicoanalítica formalice esas formaciones del inconsciente, el psicoanálisis tendrá un porvenir.

El porvenir del psicoanálisis es el del síntoma. El porvenir del psicoanálisis es sintomático. Y el porvenir del psicoanálisis es el de un síntoma de nuestro tiempo.

Viernes 25 de octubre de 2013, 19:00 horas

Casa Refugio Citlaltépetl
Citlaltépetl no. 25, Colonia Hipódromo Condesa
entre Campeche y Ámsterdam

Entrada libre